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LOS GRANDES FAROS

Muchas veces, los poetas han saludado los grandes látigos de luz que los faros lanzan sobre la piel del mar en las horas de la tiniebla nocturna. Los faros han tenido un momento de exaltación en la época romántica -cuando, por ejemplo, nuestro duque de Rivas nos decía del Faro de Malta- y, ya más cerca de nosotros, el poeta francés Jean Paul Toulet recitaba la letanía de los faros normandos y bretones con un refrán que decía: "Pero, ¿dónde está el faro de Alejandría?". ¡El faro de Alejandría! Fue una realidad, una alta torre en la que podía arder la gran hoguera que anunciaba la presencia del puerto; pero en seguida fabularon de él, y se decía que se veía su luz a cien leguas de distancia, y que tenía un espejo, como el que Bernardo de Balbuena imaginaba para el de La Coruña, el de Breogán o de Hércules.
¡Avisos de luz! Noches antes de que las naves llegaran a Alejandría, ya veían su luz protectora. Se dijo todo de ella, y que hubo quien robó luz de Alejandría para su uso particular, para llevarla a proa en las jornadas de tempestad, o en la gran Sirte para poder ver el fondo terrible de los abismos poblados de bestias, y recorrer el lomo de Leviatán, y saber que era Leviatán, y no Sicilia, la Magna Grecia. [...]
La enumeración de faros sería muy larga, comenzando por el faro de los venecianos en Chipre -el faro por el que se guió Otelo, llevando en la cámara de su nave a la blanca, dulce, terca Desdémona- y terminando por el faro del que cuenta Teodoro Storm en su Pomerania natal, un faro en una colina, sobre los diques, de los que su padre era vigilante.
-¿Se ve desde Tilsit, padre?
-¡Depende de la vista de quien mire!
En la Galicia interior tenemos altas, aisladas, muy características montañas, que llevan el nombre de faro: el faro de Chantada, el faro de Avión..., quizá porque la imaginación popular vio en ellos los guías de los caminos por aquellos mares de montes. [...]
La primera vez que aparece documentada en castellano la palabra faro es en Covarrubias, en 1611. Dice el gramático que quizá nunca hubiese visto un faro y lo describiese por la erudición grecolatina, que "las atalayas"... que están sobre la mar, cuando son fuertes y sumptuosas, se llaman faros". [...]
El faro que yo más amé fue el primero que vi de niño en las tardes de verano, desde el mar de Foz: era el faro de Tapia de Casariego, al Este, en el mar de las Asturias de Oviedo, acariciando cielo y mar. Era como un dios.

Como homenaje a Alvaro Cunqueiro,
en el 20 aniversario de su muerte.

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Texto de ALVARO CUNQUEIRO



Relatos anteriores: La Playa del Entresuelo