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La Nueva España /Occidente - 03 /Abril /03
repercusiones

La «chapapotera» de Ríos Carballal
Un pontevedrés afincado en Navia inventa y patenta una máquina para limpiar vertidos de petróleo en la mar

Luis Ríos, pontevedrés de nacimiento y naviego por matrimonio y residencia, ha inventado una máquina que recoge vertidos de petróleo. Ríos no podía entender cómo «se invertían miles de millones en crear armas y nada para cuidar el mundo», así que se puso manos a la obra.
«No podía creer que los países invirtiesen miles de millones en crear armas de mil tipos para defender a los gobiernos y que nadie hubiese inventado nada para proteger el planeta, el mundo en el que vivimos, de algo, por desgracia tan común, como un vertido de petróleo en la mar». Con estas palabras explica Luis Ríos Carballal cómo alumbró su idea: construir una máquina que limpiase vertidos de petróleo en la mar. Y la llamó la «chapapotera».
Ríos nació en Valongo (Pontevedra), aunque desde hace 23 años trabaja y reside en Salcedo (Navia). Allí conoció a su mujer, Joseceli Fernández, «mi impulso, mi ánimo», reconoce con una sonrisa en la cara. Ríos regenta una empresa de automóviles, un concesionario que ocupa el piso inferior de su casa. En el interior de ésta, el gris de la grasa y el olor a gasolina ceden terreno ante óleos de mil colores y el aroma de un lienzo recién manchado de carboncillo. Luis Ríos es el Leonardo da Vinci del Occidente. Raúl Fernández, su suegro, asegura que su yerno «siempre tuvo espíritu de investigador, inventa, pinta, es mecánico, fontanero, de todo».

Cuando el «Prestige» se hundió frente a las costas gallegas, Luis Ríos estaba pegado a la televisión. Vio las playas destrozadas y una Galicia deshecha por la catástrofe. Sus paisanos se afanaban en proteger una costa que ya no tenía solución porque las manchas de fuel ya habían llegado a ellas. La familia Ríos Fernández fue a limpiar chapapote. «Me di cuenta de que si no se paraba el petróleo en la mar y rápido, antes de que soltase todos los gases nocivos que incorpora, ya no había solución», recuerda Ríos. Y añade: «Vi a un hombre por la televisión con una pala de dientes que llenaba un caldero, el hombre se entretuvo y el chapapote se le escurrió. En ese momento pensé, vaya, si no te llegas a descuidar, lo sacas, y tuve la idea». Luis Ríos puso manos a la obra, descartó varias hipótesis hasta que encontró «la solución perfecta», como él mismo afirma. Inventó una máquina que extrae, según el creador, «los vertidos sea cual sea su densidad, las condiciones marinas y la profundidad de la mancha». La llamó «chapapotera». Aprovechando la base de una pala de dientes, Ríos ideó un rodillo flotante y giratorio, de seis metros de largo y tres de diámetro, que incorpora ciento veinte paletas en cada una de las tres hileras recogedoras que posee. La máquina se instalaría entre los dos cascos de un catamarán, lo que la protegería de las olas y encauzaría los vertidos. Las paletas incorporadas en el cilindro giratorio empujarían el vertido hacia un peine situado tras el rodillo, que a su vez lo depositaría en un tanque y limpiaría las paletas para la próxima vuelta. El petróleo que se deslizara de éstas por la gravedad sería recogido por el mismo cilindro y la siguiente hilera de paletas cuya nueva carga ayudaría en el proceso de empuje. Desde los tanques iniciales, el vertido se expulsaría a un depósito de recogida de gran capacidad por medio de bombas de extracción. En el caso de que la mancha apareciese fuera del alcance del rodillo flotante -es decir, a más de dos metros de profundidad-, una tubería instalada entre las quillas de los cascos del catamarán la reflotaría mediante aire a presión.
El invento se completa con fundas para las paletas que disminuyesen la distancia entre las mismas para vertidos más fluidos. Cuando la liquidez del petróleo sea máxima, esas paletas incorporarían unas cerdas metálicas que harían las veces de red. El problema de la descomposición de las manchas en «galletas» «también tiene solución», según el inventor de la «chapapotera». Ríos ha ideado unas compuertas con redes muy finas que se instalarían por delante de la máquina y entre los cascos del catamarán. Al atropellar las «galletas», éstas se quedarían en la red. Cuando la cantidad de pequeñas manchas acumuladas llegase al tamaño preciso, se abrirían las compuertas hacia el interior y la máquina las recogería en masa. Luis Ríos ya ha patentado su invento, a nivel internacional y por veinte años. «Si no es por mi mujer, ni la patento. En un principio pensaba distribuirla libremente, pero lo pensamos mejor», afirma entre carcajadas. Ahora el invento está registrado y Ríos ya pone la vista en el futuro. «No creo que venda la patente, más bien construiría yo la "chapapotera" aquí», asegura. Ríos está orgulloso de su invento, «fue un proceso familiar; mi hijo Isaac, de 11 años, se tiene quedado conmigo hasta las tantas». Le encantaría ver la «chapapotera» en los puertos. «Debería haber una especie de parques de bomberos para proteger la mar y mi invento puede ayudar», añade.