MIERCOLES 14 DE DICIEMBRE
Ahora resulta
que no saben cómo llamarle. Y discuten. Hablo de una realidad cualquiera,
tangible, palpable. De una realidad a la vista de todos y al alcance de la
mano. Pongo por caso: nación, nacionalidad, identidad nacional... Una realidad
que para algunos no basta conocerla, aprehenderla, sentirla, palparla: lo
único importante es cómo se le llama. Y no se ponen de acuerdo, claro. Ignoran
que toda palabra es un signo (convencional y arbitrario, además), y que tan
importante es el significado como el significante.
Por aquí tampoco andamos mal. Pongo por caso: la lengua, lo que a algunos
sirve para incomunicarse. Primero hablaron del bable, y a ser posible nes
escueles, forma inusual en esta zona. Zona del bable occidental, corrigieron.
Después vinieron con la llingua, la madre de todos los corderos. Empezaron
luego con el asturianu, los sabios académicos. Pero pronto se pasó al asturiano-gallego,
o al gallego-asturiano, según lo que conviniera. Ahora nos aburren con a
fala, como el último descubrimiento lingüístico, y todos tan contentos.
Había que ponerle un nombre, de eso se trataba, y a ser posible autóctono,
original, vernáculo.
Lo de menos era la realidad, lo que aquí habló siempre la gente porque sí,
y cuando le dio la gana. Sin pedirle permiso a nadie y sin que preocupase
a nadie lo que era, ni cómo se llamaba. Aquí existe una expresión para estos
casos, que se usa cuando algo es evidente, obvio. Cuando algo es de sobra
conocido aunque no se sabe cómo llamarle. Tanto es así que no necesita ni
nombrarse. Se dice: "chámalle equis". Y quedan despejadas todas las incógnitas.
Pero filólogos de laboratorio y políticos de despacho decidieron que había
que tener una lengua, eso nos da identidad, aunque sea artificial, cuanto
más distinta de las vecinas mejor, y que había que enseñarla en las escuelas.
Ya nadie habla de diglosia, ni de marginación, ni de conflicto socio-lingüístico.
Somos distintos porque hablamos algo distinto, ni asturiano, ni gallego, ni
castellano. Es una mezcla de todo, según las últimas isoglosas descubiertas
y según los últimos estudios del estructuralismo lingüístico. Cuanto
más rebuscado mejor, y cuanto menos nos entiendan los otros.